27 may 2015

Vicios...

Tengo unos cuantos vicios ridículos, como cepillarme el pelo durante siete minutos ininterrumpidos, comer frutas cortadas en números impares, contar los lunares de las personas, fijarme en los tics nerviosos de mis interlocutores, fumar cigarrillos largos y suaves, y usar internet más de seis horas diarias.

Tengo el vicio predilecto, entre todos ellos, de amarlo aunque me trate como si fuera escoria. Lo llamo al menos cuatro veces al día, cuando voy sintiendo que la abstinencia de escuchar su voz me conduce a fumar descontroladamente. Marco su número de memoria y oigo la música de espera, mientras golpeo las suelas de mis zapatos contra la cerámica.
Cuando me atiende distingo el fastidio con el que saluda y responde, me dice que está ocupado, le contesto que lo extraño y me dice que nos veremos pronto, aunque nunca especifica cuándo caerá ese "pronto"

De mis vicios, el peor de todos es ser su prostituta, a todo lo que me ordena, yo accedo. Nunca existe en mis labios una negativa, mi cuerpo jamás se escapa a sus deseos, gozosa me humillo y obedezco. Lo amo aunque sea un maldito ególatra, lo necesito aunque le importe un carajo mi ánimo y mis anhelos, lo aprecio a pesar de que coquetee con cuanta mujer se le cruce, frente a mis narices y mis ojos llorosos.

De tantos vicios que tengo, el más despreciable y difícil de erradicar, es el de tenerme de menos, cuando en realidad merezco mucho más...

Patricia Medina

26 may 2015

Maldita herida...

La maldita herida que no cierra,
que al tocarla apenas sangra;
el pasado como un abismo en el que caigo
cada vez más profundamente
al escuchar el lamento de mi corazón desangrándose
en la impotencia de saber que él me amó,
me amó,
me amó,
para luego abandonarme.

El dolor de un sueño destruido,
pero no por el entrometimiento de un tercero,
sino por su propio miedo,
por su cobardía,
por el exceso de realidad de su visión
pesimista, nefasta, corrompida.

La herida que lleva su nombre,
la mirada que oculta el amor truncado.
La maldita,
maldita
frustración de no saber,
no saber cómo son sus labios
pegándose a los míos...

El dolor inmenso de ya no saber
cómo hubiera sido amanecer
cada día, lluvioso o soleado
al costado de su cuerpo, en la cama,
oyéndolo respirar o palpitar en mis oídos...

La herida, viscosa, hedionda,
llena de putrefacción en que se ha transformado
mi pobre existencia, encadenada
a esa incertidumbre de no saber,
no saber,
¡no saber!
cómo hubiera sido ser feliz a su lado.

Patricia Medina

25 may 2015

Retrato en sepia...

"–¿Quién te dijo que deseo ser feliz? Es el último adjetivo que emplearía para definir el futuro al cual aspiro. Quiero una vida interesante, aventurera, diferente, apasionada, en fin, cualquier cosa antes que feliz."

— Retrato en sepia; Isabel Allende.

24 may 2015

Aborte...

Aborté ese amor defectuoso que manteníamos entre golpes y caricias, antes de que creciera y tomara su forma, destruyéndome.

Patricia Medina

23 may 2015

¿Suicidio como una opcion?

Para los que no pensamos ni tenemos al suicidio como una opción a considerar, dentro de la gama de posibilidades, no nos queda otro remedio más que reponernos.
Reponernos a los dolores, a las ausencias, a los distanciamientos sin respuesta, a los problemas de difícil solución que nos atormentan cuando queremos distraernos buscando motivos para sonreír.
Es así, aunque la vida nos golpee con su furia, aunque el viento nos empuje pretendiendo hacernos caer, aunque los obstáculos quieran atemorizarnos hasta el punto de frenarnos y retroceder, no tenemos más opción que continuar luchando y respirando, hasta quedarnos sin fuerzas, agotados y satisfechos por seguir despertando cada mañana, con el pensamiento de que todo puede mejorar tarde o temprano...
Para los que consideramos a la vida como un bien inestimable, de valor incalculable, la respuesta siempre es mantenerse peleando, aunque en ocasiones nos vivamos quejando y lamentando de lo que nos toca padecer...

Patricia Medina

22 may 2015

No perteneces...

No perteneces a ningún lado, eres de donde amas estar, eres los sitios que recuerdas, las calles que transitas, las casas que visitas, las camas que usas y las ganas de volar. No le perteneces a ningún hombre ni a ninguna mujer, no sabes atarte a los recuerdos ni al que dirán, vas haciendo amistades que dejas de ver, porque tus alas te llevan más allá y no las vuelves a encontrar. No te acostumbras a las rutinas, no tienes una ocupación fija, no sabes lo que es envejecer en una profesión, cumpliendo un horario y viendo cada día a los mismos compañeros. No tienes antigüedad ni un sueldo repetitivo, a veces eres rica y otras apenas si te alcanza para comer.
Eres volátil, inconstante, escurridiza, de mente creativa y corazón aventurero. Sabes decir "te quiero" y sabes callar los "te desprecio", nunca dices "te amo", porque eso implicaría dejar un pedazo tuyo en otras manos.
No perteneces a ningún lado, ni te aferras a nada, vas como una turista viendo todo con ojos asombrados, encontrando detalles que pasan desapercibidos para los demás. Vas viajando encantada con la belleza y la libertad que guían tus acciones, a cada paso. Eres una mujer con sonrisa de niña y una mirada penetrante, eres un estandarte de lo que llamaríamos una mujer-ave, que sabe admirar la vida para luego volar, porque en los aires y en su capacidad de recorrer el mundo, está la grandeza de su libertad.

Patricia Medina

21 may 2015

Aqui estas de nuevo mujer...

Aquí estás de nuevo, mujer, con tu mirada frente al espejo, acariciando tu vientre, sintiendo las pataditas de un ser que depende de ti, de tu cuerpo, de tu salud, de los alimentos que ingieras, las bebidas que tomes, del aire que respires, adaptándose a la vida y los hábitos que lleves.
Tienes un niño que va contigo a todos lados, un niño que aunque no lo veas, en ocasiones hace gestos muy similares a los tuyos, un pequeño que brinca en algunas oportunidades, y que generalmente (salvo que esté dormido), escucha las canciones que entonas.
Aquí estás de nuevo, preguntándote sinceramente si podrás sola con un hijo, si hallarás consuelo un día, pensando con desprecio en el padre que se ha dado a la fuga, que te ha despreciado y humillado, dudando de su paternidad, aunque sea él el mujeriego.
Tienes un niño que posiblemente herede sus rasgos, un pequeño al que habrá que decirle tarde o temprano que su padre lo ha rechazado, por ser imbécil e inmaduro.
Aquí estás de nuevo, sabiendo que aunque te cueste sangre y lágrimas, tú que no eres como ese que te fecundó y huyó, te quedarás firme y de pie, para criar a ese niño, enfrentando hasta los miedos más espantosos que por las noches te quitan el sueño y la paz...

Patricia Medina

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Me siento extraña...

Me siento extraña sabes siento como si algo de mi que es muy importante ha desaparecido y no lo encuentro y me hace falta, tú te vas y y...

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